miércoles, 3 de junio de 2015

LA CIUDAD AL FINAL DE LA ERA POSINDUSTRIAL: SUS PROBLEMAS

En la primera década del siglo XXI una de cada dos personas del mundo vive en ciudades, y los cálculos apuntan a que en el año 2050 el porcentaje de población urbanita llegará al 75%.

Gráfica que muestra el imparable proceso de urbanización mundial. Fuente: http://data.worldbank.org/

Por otro lado, parece que el modelo económico y social posindustrial, que actualmente sufre la mayor crisis que ha conocido, puede llegar a su fin y, quizá, el cambio sea más traumático cuanto más perseveren los poderes políticos y financieros en perpetuarlo. Si en el futuro la mayoría de los habitantes del mundo van a vivir en ciudades las transformaciones, evidentemente, afectarán a éstas de forma fundamental.
Así pues, existen problemas en las urbes que requieren respuestas. Veamos algunos de los más acuciantes.

Hacia un mundo de megalópolis

Las grandes áreas metropolitanas, que empezaron a formarse a finales de la era industrial de las ciudades, están dando paso a auténticas megalópolis, término utilizado por primera vez por el geógrafo J. Gottmann para referirse a grandes regiones urbanizadas a lo largo de cientos de kilómetros.

Región urbana del Ruhr en Alemania. En una superficie similar al País Vasco, algo mas de 7000 Km², conviven  10.500.000 de habitantes (1334 hab/Km², para que nos hagamos una idea, en el país Vasco la densidad de población es de 300 hab/Km²).

El caso más cercano y espectacular es la vasta región urbana configurada entre las principales ciudades de los Países Bajos y el norte de Italia, con Milán a la cabeza.
La ciudad del final de la era posindustrial conoce una serie de problemas serios, acuciantes y que la definen. A finales de 2004, en un ciclo de debates organizado bajo el elocuente título de “La ciudad inquieta”, el eminente arquitecto Fernando Higueras señalaba que “El paisaje urbano de hoy es caótico, inhumano y envenenado por una mayoría esclavizada a los intereses creados por una minoría egoísta con sus beneficios a corto plazo”. He aquí algunas de las razones por las que, tal vez, Higueras hacía estas afirmaciones.

La ciudad pendular e insostenible

Uno de los grandes retos de las ciudades actuales es la gestión del tráfico. Se calcula que en una ciudad como París entran cada día 2 millones de automóviles, la mayoría de ciudadanos que trabajan en la capital francesa.

Mapa de movilidad entre zonas de empleo y domicilio en la región de París en 1997. Fuente: http://cybergeo.revues.org/

Además habría que añadir los cientos de miles de personas que, en ésta como en otras muchas ciudades, realizan un movimiento pendular, diario, entre el hogar y su lugar de trabajo, sea en tren, metro o autobús.
Trasladarse por la ciudad acaba siendo en muchas ocasiones una carrera de obstáculos por la densidad del tráfico, las obras y el stress que acumulan las prisas y la falta de tiempo. Los parisinos usan la expresión “métro, boulot, dodo” (metro, trabajo, dormir) para resumir su forma de vida.
Esta vida puede hacerse insostenible anímicamente, pero también ambientalmente. El tráfico, la industria y la búsqueda del confort climático, mediante la climatización, provocan que las ciudades emitan a la atmósfera el 75% del dióxido de carbono mundial.

En los primeros días de enero del 2015 algunas zonas de la ciudad de Madrid, en situación de estabilidad atmosférica, superaron hasta 19 veces los valores límites permitidos de dióxido de nitrógeno (200 miligramos por metro cúbico). Fuente: http://www.ecologistasenaccion.org/ 

 La ciudad faraónica

Hoy nadie sensato puede discutir que la ciudad ha sido presa de la rapiña especuladora del suelo. El crecimiento difuso, de límites imprecisos, y la extensión en el espacio de un urbanismo carente de identidad han sido los resultados.
Diferente es el tema de los hitos, palabra usada por el geógrafo de la percepción Lynch para referirse a aquellos lugares emblemáticos que sirven de referencia simbólica e identitaria de la ciudad. Espacios de los que se suele apropiar la voluntad política. La intención es crear, con gran instinto megalómano en ocasiones, obras emblemáticas, representativas de la gestión política y que consigan perpetuar su memoria.

Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela. Se construyeron cuatro edificios de los seis provistos con un coste de 400 millones de euros. Hoy este sueño megalómano de un político gallego está paralizado y sin uso.  

Existen cientos de ejemplos, valgan como muestra la Ciudad de las Ciencias y las Artes del arquitecto Calatrava en Valencia o la inmensa Biblioteca Nacional de París de Dominique Perrault, promovida por Mitterrand en los años 90.
En ocasiones, los políticos se comportan, según señala el arquitecto Antonio Fernández Alba, como auténticos faraones en su relación con los arquitectos. El problema está en los onerosos costes que suponen estas obras. Suelen crear identidad en las ciudades y atraer visitas e ingresos, pero sobre todo sirven para alimentar egos personales.

La ciudad indolente

El otro gran problema de estas obras estriba en que sirven de distracción de otras necesidades mucho más importantes para los ciudadanos.
En otras palabras, mientras el actual gobierno francés barajaba un proyecto para hacer de París un puerto interior conectado con el Océano Atlántico a través de grandes canales, en la depauperada banlieue parisina, en el otoño de 2005, bandas de jóvenes franceses pero de padres o abuelos inmigrantes se sintieron discriminados, olvidados por la sociedad.
Se dedicaron a sofocar su frustración quemando cientos de coches y protagonizando actos de violencia callejera. Fue la llamada Guerra de la Banlieue que, soterrada, continúa en la actualidad. Y este caso es paradigmático de otros muchos que se viven con menor escala e intensidad en las ciudades del siglo XXI.

La conocida como Guerra de "La Banlieue"  (suburbios) en París en el año 2005 acabó con 8.700 coches quemados y 2.700 detenidos. En el mapa se observan las zonas afectadas por los disturbios. Fuente: Wikipedia

Las grandes ciudades adolecen, pues, de una gran insolidaridad, promovida en parte por la megalomanía faraónica de algunos gobernantes ensimismados. Aunque el problema es mucho más amplio y, evidentemente, desatiende las costuras del tejido urbano. Barrios como Las Tres Mil Viviendas en Sevilla o Las Barranquillas en Madrid representan el olvido.

Incendio en La Cañada Real, en Madrid.

La ciudad blindada o el gran hermano

Las bandas juveniles, el narcotráfico o el terrorismo son algunos de los peligros que los ciudadanos sienten como amenazas, en ocasiones, demasiado próximas. La reacción está siendo la proliferación de alarmas, vigilantes, cámaras de seguridad en espacios públicos y privados o la edificación de muros que separan urbanizaciones residenciales de barrios marginales.
Es la zonificación en guetos aislados, unos de lujos y otros de miseria. A este fenómeno el profesor de urbanismo Unai Fernández lo ha llamado "la ciudad blindada".

Fuerte contraste entre un barrio de favelas y otro pudiente en Sao Paulo (Brasil)

En fin, todos los problemas expuestos se pueden resumir en uno sustancial: la urbe del siglo XXI, tras una larga historia, que empezó con la ciudad de la era preindustrial, corre el riesgo de convertirse en un lugar profundamente deshumanizado. Si ya no lo está bastante.

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